El idiota
El idiota —En invierno, la temperatura de las casas es mejor aquà que en el extranjero —comentó Michkin—, aunque en la calle el aire allá es menos frÃo que aquÃ. Un ruso no acostumbrado a las casas extranjeras las encuentra inhabitables en el invierno.
—¿No tienen calefacción?
—SÃ; pero se construye de diferente modo, con otro sistema de calefacción y de ventanas.
—Ya. ¿Ha estado usted mucho tiempo en el extranjero?
—Cuatro años. Claro que siempre he habitado en el mismo lugar, en el campo.
—Se encontrará usted extraño entre nosotros, ¿no?
—Es verdad. Puede creerme que me ha sorprendido observar que no se me habÃa olvidado el idioma ruso. Ahora, ¿ve?, mientras conversamos, pienso: «¡Pues si hablo bien!». Tal vez por eso charle tanto. Desde ayer, en realidad, experimento una necesidad continua de hablar en ruso.
—¡SÃ; claro! ¿VivÃa usted en San Petersburgo? —preguntó el lacayo, que, pese a sus esfuerzos, no podÃa lograr librarse de una conversación tan afable y cortés.