El idiota
El idiota —Si tiene muchas ganas de fumar —dijo—, hágalo pero dése prisa para estar aquà cuando Su Excelencia le mande pasar. ¿Ve esa puerta bajo la escalerilla? Pues abriéndola encontrará un cuartito donde podrá fumar, aunque debe abrir la ventana, porque esto va contra las instrucciones que se nos han dado.
Mas el prÃncipe no tuvo ya tiempo de fumar. En la antecámara entró de pronto un joven que llevaba unos papeles en la mano. El lacayo se apresuró a quitarle la pelliza. El joven dirigió al prÃncipe una rápida ojeada.
—Gabriel Ardalionovich —principió el lacayo en tono confidencial y casi familiar—, este caballero se ha presentado bajo el nombre de prÃncipe Michkin y dice que es pariente de la señora. Acaba de llegar del extranjero, y trae un paquetito en la mano…
El prÃncipe no oyó más, porque el lacayo continuó el resto de sus palabras en voz baja. Gabriel Ardalionovich escuchaba atentamente, mirando al prÃncipe con redoblada curiosidad. Al fin cesó de atender y se aproximó vivamente al visitante.
—¿Es usted el prÃncipe Michkin? —preguntó con cortesÃa y afabilidad extremas.