El idiota
El idiota —Bueno, pues ese tipo es un imbécil, y lo mismo digo de sus altas proezas —manifestó la generala—. Y en cuanto a ti, hija mÃa, te has pasado un buen rato diciendo necedades: ¡nos has dado toda una lección de ellas! Creo que el papel no te va… En todo caso, es incorrecto. ¿Y esos versos? A ver: recÃtalos. ¡Supongo que los debes de saber! Y yo quiero conocerlos. Nunca he tolerado la poesÃa, sin duda por un presentimiento; ésta es la verdad… Ten paciencia, prÃncipe. ¡Por Dios te lo ruego! Es lo único que tú y yo podemos hacer… —añadió, dirigiéndose a Michkin.
Estaba evidentemente muy incomodada.