El idiota
El idiota —¿Quiere usted decir que es duro? Tal vez; pero, en cierto modo, el interés de la sociedad lo exige asÃ, como usted mismo admitirá, sobre todo en un caso flagrante como el presente. Será lamentable para los culpables, sÃ; pero beneficioso para la sociedad. En cuanto a alguna pequeña inexactitud, a alguna exageración, por decir asÃ, ¿no es cierto que lo importante es el fin, la intención, la iniciativa? En principio se trata de un ejemplo moral, tras el que cabe examinar los casos particulares. Y en cuanto al estilo, se trata de un artÃculo humorÃstico y no me negará usted que todo el mundo escribe asÃ. ¡Ja, ja, ja!
—Yo les aseguro, señores —declaró Michkin—, que han seguido ustedes un camino erróneo. Usted ha publicado el artÃculo en la certeza de que yo no consentirÃa en dar satisfacción al señor Burdovsky y, fundándose en ello, ha insertado ese ataque para intimidarme y vengarse de mi presunta negativa. Pero ¿qué sabÃan ustedes respecto a mis intenciones? PodÃa ser que yo hubiese decidido atender al señor Burdosky. Y es más: les declaro ahora sin rodeos, en presencia de testigos, que pienso hacerlo asÃ…
—Esas son palabras nobles e inteligentes propias de un hombre inteligente y nobilÃsimo —proclamó el boxeador.
—¡Dios mÃo! —se lamentó Lisaveta Prokofievna.