El idiota
El idiota —Permítame, señor Ivolguin. ¿A qué viene todo esto? El asunto está claro y nosotros damos por cierto el hecho principal. ¿Para qué, pues, entrar en detalles penosos y tristes? ¿Acaso quiere usted jactarse de la habilidad de sus pesquisas y alardear ante el príncipe y ante nosotros de ser un hábil «detective»? ¿O se propone disculpar a Burdovsky acreditando que se ha visto envuelto en este asunto por ignorancia? Eso es una insolencia, señor Ivolguin. Burdovsky, como puede usted comprender, no necesita que usted le exculpe. Ello constituye una ofensa para Burdovsky, y su situación es ya bastante dolorosa y delicada sin necesidad de que usted la agrave. ¿Cómo no se hace cargo de ello?