El idiota
El idiota —No me interrumpa señor abogado. No somos tan tontos como usted cree —repuso el sobrino de Lebediev, con despecho—. Es claro que entre doscientos cincuenta y ciento existe una diferencia, pero aquà lo importante es el principio, la iniciativa. La falta de ciento cincuenta rublos es un mero detalle. Lo importante, excelentÃsimo prÃncipe, es que Burdovsky no acepta su limosna y se la tira a la cara. Desde este punto de vista lo mismo da que haya ahà cien rublos o doscientos cincuenta. Acaba usted de ver que Burdovsky ha rehusado diez mil rublos. Y de no ser un hombre honrado, no le habrÃa devuelto los cien rublos. Los ciento cincuenta que faltan han sido dados a Tchebarov para compensarle de los gastos que tuvo que hacer cuando fue a visitar al prÃncipe. Puede usted burlarse de nuestra torpeza e inexperiencia en los negocios: es igual, porque ya nos ha puesto bastante en ridÃculo. Pero le aconsejo que no nos acuse de hombres sin honradez. Esos ciento cincuenta rublos, señor mÃo, los reuniremos entre todos para reembolsarlos al prÃncipe, y pagaremos la deuda Ãntegra, con los intereses, aunque sea rublo a rublo. Burdovsky es pobre y no millonario, y Tchebarov le pasó la cuenta después de su viaje. Y nosotros contábamos salir con éxito de esta empresa… ¿Quién no hubiera hecho lo mismo en nuestro lugar?
—¡Vaya una ocurrencia! —exclamó el prÃncipe Ch.