El idiota
El idiota —Hasta este momento, señora —dijo con sonora voz— he guardado silencio por hidalguÃa, ocultando el hecho de esta corrección, aunque el propio que la hizo nos amenazara antes con ponernos en la puerta. A fin de hacer resplandecer la verdad, debo decir que he utilizado en efecto sus servicios y que se le han pagado seis rublos por ellos. Pero no le encargué de corregir mi estilo, sino de que me informara, en calidad de hombre bien enterado, de cosas que me eran desconocidas casi en absoluto. Los detalles de las polainas, del apetito del prÃncipe en el sanatorio suizo, la cifra de cincuenta rublos en substitución de la de doscientos cincuenta, son todos obra de este hombre, y por ellos ha cobrado sus seis rublos. Pero conste que el estilo no lo ha corregido.
—Quiero advertir que sólo corregà la primera parte del artÃculo —dijo Lebediev, con una especie de impaciencia febril, que despertó la hilaridad de los presentes—. Al llegar a la mitad del trabajo, no nos pusimos de acuerdo sobre cierto concepto y, por consecuencia, no conozco la segunda parte del escrito. No cabe, pues, atribuirme las numerosas incorrecciones de forma que se hallan en él…
—¡FÃjense en lo que le preocupa! —exclamó Lisaveta Prokofievna.
—PermÃtame preguntarle —dijo Eugenio Pavlovich a Keller— cuándo fue corregido ese artÃculo.