El idiota
El idiota —Exacto y verdadero —repuso Ivan Fedorovich, satisfecho—; como una rareza. Pero, en todo caso, lo más asombroso para mÃ, lo más aflictivo, si la gramática autoriza en este caso tal expresión, es que usted, joven, no haya sabido comprender que Lisaveta Prokofievna ha consentido en quedar a su lado simplemente porque le ve enfermo (usted mismo dice que está moribundo), esto es, a causa de una compasión producida en ella por sus palabras de queja, señor. Y, además, me extraña igualmente que no comprenda usted que el nombre, carácter y posición de mi esposa la ponen por encima de cualquier bajeza. ¡Lisaveta Prokofievna —concluyó, rojo de ira—, si quieres venir, despidámonos de nuestro amigo el prÃncipe, y si no…!
—Gracias por la lección, general —dijo Hipólito, con gravedad insólita, mirando, pensativo, a Ivan Fedorovich.
—Vámonos, maman. ¡Es demasiado! —exclamó Aglaya con impaciencia, incorporándose.