El idiota
El idiota —PermÃtame dos minutos más, Ivan Fedorovich —dijo la generala, con dignidad—. Creo que el muchacho tiene mucha fiebre y delira; lo leo en sus ojos. No podemos dejarle volver a San Petersburgo en ese estado. ¿No podrÃa quedarse en tu casa, León Nicolaievich? ¿Se aburre usted, querido prÃncipe? —añadió dirigiéndose al prÃncipe Ch.—. Ven aquÃ, Alejandra. Estás despeinada. Practicó en el cabello de su hija un leve arreglo innecesario y la besó, lo cual era el motivo real de haberla llamado.