El idiota
El idiota Radomsky no dijo más, pero Hipólito continuó mirándole, esperando con impaciencia otras palabras.
—¿Has concluido, padrecito? —preguntó la generala a Eugenio Pavlovich—. Termina pronto: ¿no ves que el muchacho necesita acostarse? ¿O es que no tienes nada que decirle? —concluyó muy enfadada.
—Añadiré algo más —repuso Radomsky sonriendo—. Creo, señor Terentiev, que lo que usted y sus amigos acaban de exponer con tan indiscutible elocuencia se refiere a esta tesis: el triunfo del derecho ante todo, con independencia de todo, con exclusión de lo restante y acaso incluso antes de haber averiguado en qué consiste el derecho. ¿Me equivoco?
—Por supuesto que se equivoca. Ni siquiera le comprendo. ¿Qué más?
Eleváronse murmullos, incluso en el rincón de los amigos de Burdovsky. El sobrino de Lebediev murmuró algunas palabras en voz baja.