El idiota
El idiota Mientras Gania hacÃa esta pregunta, se producÃa algo nuevo en su interior. Una idea inédita inflamaba su cerebro y hacÃa relampaguear sus ojos. En cuanto al general, cuya inquietud era muy real, miró también al prÃncipe, pero sin confiar mucho, al parecer, en tal fuente de informes.
—No sé qué decirle —respondió Michkin—. Rogochin me ha parecido muy enamorado, e incluso con una pasión morbosa. Por otra parte, le encuentro muy delicado de salud. No serÃa extraño que recayera en breve, sobre todo si no se cuida.
—¿Cree usted…? —preguntó Iván Fedorovich asiéndose a aquella idea.
—SÃ.
Gania, sonriendo, se dirigió al general.
—Poco importa que recaiga de aquà a unos dÃas.
No hace falta mucho tiempo para que dé un escándalo de la clase del que usted teme. Puede darlo hoy mismo…
—Claro, sin duda… SÃ, eso es posible… Todo depende del estado de ánimo de Nastasia Filipovna —repuso el general.
—Y ya sabe usted lo que ella es a veces…