El idiota
El idiota —¿Cómo me arreglaré para enseñársela pronto? ¡Ya! Se la enviaré hoy por Kolia, que irá a visitarnos, y si no, mañana, cuando salga a pasear con el prÃncipe, yo misma se la traeré.
Y parecÃa encantada de haber hallado aquella solución.
Al ir los visitantes a retirarse, el prÃncipe Ch. pareció recordar alguna cosa.
—¿Sabe usted, querido León Nicolaievich —preguntó—, quién era aquella persona que interpeló ayer en voz alta a Eugenio Pavlovich?
—Nastasia Filipovna —repuso Michkin—. ¿La desconocÃa usted? Pero no sé quién estaba con ella.
—Sé que era Nastasia Filipovna, puesto que estuve presente —dijo el prÃncipe Ch.—. Pero ¿qué querÃa decir con aquellas palabras? Confieso que para mÃ…, y para otros, son un enigma.
Y parecÃa muy intrigado al asegurarlo asÃ.
—Habló de ciertos pagarés que Rogochin habÃa rescatado en favor de Eugenio Pavlovich —contestó sencillamente Michkin— y aseguró que Rogochin concederÃa tres meses de espera a Eugenio Pavlovich.