El idiota
El idiota De todos modos, al día siguiente de la fatal velada cuya responsabilidad se reprochaba a Michkin tan amargamente, recibió por la mañana la visita de Adelaida y el príncipe Ch., quienes habían salido juntos a dar un paseo «y acudían principalmente para informarse de la salud» de su amigo. Poco antes, Adelaida había descubierto en el parque un árbol maravilloso, de crispadas ramas y fronda perenne, y quería dibujarlo por encima de todo, hasta el extremo de que no habló de otra cosa durante la media hora que se prolongó la visita. El príncipe Ch. se mostró amable y cortés como de costumbre, encarriló la conversación sobre cosas lejanas y evocó las circunstancias de su primer encuentro con León Nicolaievich. Apenas se habló, por lo tanto, de los sucesos del día anterior. Adelaida acabó por confesar, sonriendo, que los dos habían ido de incógnito, y aunque no dijo más, aquel incógnito daba a entender que la familia (es decir, Lisaveta Prokofievna principalmente) estaban mal dispuestos hacia el príncipe. Los novios no hablaron ni una sola palabra del general, de su esposa o de Aglaya. Cuando se despidieron de Michkin para proseguir su paseo, no le instaron a que les acompañase, ni le invitaron a visitarles en casa. Adelaida dejó escapar incluso una expresión sintomática. Al hablar de una de sus acuarelas, manifestó el repentino deseo de mostrarla a Michkin, y dijo: