El idiota
El idiota —¡Imposible! —exclamó, con aire compasivo, el ex subteniente—. ¡Oh, prÃncipe! ¡Qué completamente «á la Suisse» interpreta usted la naturaleza humana!
—¿Cree —dijo el prÃncipe, extrañado y tÃmido— que se pueden añadir más cosas a las que me ha contado? Y ahora, Keller, dÃgame con franqueza lo que esperaba de mà y por qué ha venido a hacerme esas confesiones.
—¿Lo que esperaba de usted? En primer lugar, el agradable espectáculo de su bondad. El mero hecho de hablar con usted es mi placer por sà solo. Con usted se tiene la certeza de hablar con un hombre muy virtuoso… Y además, además…
ParecÃa turbado. Viéndole vacilar, el prÃncipe acudió en su ayuda.
—¿Deseaba pedirme dinero?
Pronunció aquellas palabras con mucha sencillez, en tono grave y casi tÃmido.
Keller se estremeció, miró bruscamente y exteriorizando sorpresa el rostro de Michkin y asestó en la mesa un fuerte puñetazo.