El idiota
El idiota —Le diré la verdad. Pero a usted solo, porque usted sabe adivinar el pensamiento de los hombres. En mÃ, hechos y palabras, verdad y mentira, todo se mezcla y todo es sincero en absoluto. La verdad y el hecho es que siento un arrepentimiento real. Créalo usted o no lo crea, el hecho es asÃ; se lo juro. Pero palabras y mentiras me son dictadas por un pensamiento infernal, siempre presente en mÃ: la idea de engañar a la gente empleando en algo útil mis lágrimas de arrepentimiento. ¡Se lo aseguro! A otro no se lo dirÃa, para no concitarme su burla o su execración. Pero usted, prÃncipe, sabe juzgar humanamente.
—Eso mismo, palabra por palabra, se me decÃa hace un momento —exclamó Michkin—. Y tanto Keller como usted parecen jactarse de ser asÃ. Los dos me asombran por igual, pero Keller es más sincero, mientras usted convierte esos sentimientos en un verdadero modo de traficar. Vamos, no ponga esa expresión tan desconsolada. No se lleve la mano al corazón, Lebediev… ¿No venÃa a decirme algo?
Lebediev comenzó a hacer muecas.
—Todo el dÃa le he esperado para formularle una pregunta. Hágame el favor de contestar la verdad por una vez en su vida, sin rodeos. ¿Ha intervenido usted en el incidente de ayer? Hablo de lo del coche.