El idiota
El idiota —Vayámonos a pasear juntos y que el prÃncipe nos acompañe —propuso Adelaida—. No tiene razón alguna para negarnos su compañÃa, amigo mÃo. ¿Verdad que es muy simpático, Aglaya? ¿Verdad, maman? No tengo más remedio que besarle para… para recompensar su explicación con Aglaya hace un momento. Querida maman, ¿me permite besarle? ¿Me permites, Aglaya, besar a tu prÃncipe?
Y hablando asà aproximóse a Michkin y le besó en la frente. Él le tomó la mano, apretóla hasta casi arrancar a la joven un grito de dolor, la contempló con inmensa alegrÃa y luego, con rápido movimiento, llevóse aquella mano a los labios y la besó tres veces.
—Vamos —dijo Aglaya—. Usted me acompañará, prÃncipe. ¿Qué te parece, maman? Un acompañante que no quiere nada conmigo… Porque ha rehusado usted a mi mano en definitiva, ¿verdad, prÃncipe? Pero no se da asà el brazo a una dama. ¿No sabe usted cómo? Ea, asÃ… Vamos, vamos. Nosotros los primeros. ¿No le gusta ir de este modo, téte á téte?
Hablaba sin interrumpirse, riendo nerviosamente.
—¡Alabado sea Dios! ¡Alabado sea Dios! —repetÃa Lisaveta Prokofievna, sin saber a punto fijo de qué se regocijaba.