El idiota

El idiota

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Aglaya le miró, tocóle ingenuamente el brazo y murmuró con voz rápida:

—¿Qué le pasa?

Michkin se volvió a su amiga y advirtió en sus ojos negros una luz cuyo significado no supo comprender. Quiso sonreír a Aglaya; pero de súbito, como olvidando la presencia de la joven, tomó los ojos hacia la derecha, buscando la extraordinaria visión que le fascinaba desde hacía unos instantes. Nastasia Filipovna pasó entonces ante las sillas ocupadas por las jóvenes. Eugenio Pavlovich seguía hablando con mucha volubilidad, contando a Alejandra Ivanovna algo que debía de ser muy divertido e interesante. Michkin recordó después que Aglaya había cuchicheado: «¡Vaya una…!», reprimiéndose en el acto y dejando sin acabar aquella frase vaga, indefinible.

Pero había bastado. Nastasia Filipovna, que avanzara hasta entonces sin fijarse en nadie, se volvió bruscamente hacia las Epanchinas y pareció reparar por primera vez en la presencia de Eugenio Pavlovich.

—¡Ah! ¡Si está aquí! —exclamó, deteniéndose—. ¡Ya podía una enviarte recados! ¿Cómo iba a encontrársele si está donde menos se esperaba? Yo te creía en casa de tu tío.

Eugenio Pavlovich, enrojeciendo, dirigió a Nastasia Filipovna una furiosa mirada. Luego volvió apresuradamente la cabeza. Ella siguió:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker