El idiota
El idiota —Keller, ex subteniente del ejército —anunció con serenidad—. Si siente usted el deseo de un pugilato, capitán, tendré mucho gusto en sustituir al sexo débil. El boxeo inglés no tiene secretos para mÃ. No se excite, capitán: me hago cargo de que ha recibido usted una afrenta en público; pero no puedo permitirle que ejercite sus puños con una mujer y ante gente. Si usted, como caballero y hombre de honor, prefiere otro procedimiento… No tengo más que decirle, capitán: ya me comprende.
El capitán, dueño ya de sÃ, no escuchaba a Keller. Rogochin salió en aquel instante de entre el gentÃo, tomó el brazo de Nastasia Filipovna y la hizo alejarse. Parfen Semenovich estaba pálido y tembloroso y parecÃa muy emocionado. Antes de irse se fijó en el rostro del golpeado y exclamó, con risa maligna de plebeyo jubiloso:
—¡Anda! ¡Le ha bañado la cara en sangre! ¡Anda!
El oficial se habÃa cubierto la cara con un pañuelo. Sereno ya, y comprendiendo bien con quién debÃa tratar y con quién no, dirigióse cortésmente al prÃncipe, que acababa de levantarse de la silla en que habÃa caÃdo.
—Hablo al prÃncipe Michkin, a quien he tenido hace poco el honor de ser presentado, ¿verdad?