El idiota
El idiota —Ahora se lo diré… Pero siéntese… En primer lugar, porque toda su gente está reunida aquÃ. Yo lo esperaba asà y, por primera vez en mi vida, no he sido defraudado en mis esperanzas. Pero siento no haber sabido que era su cumpleaños, pues, de saberlo, habrÃa venido con algún regalo. Aunque acaso se lo haya traÃdo de todos modos. ¡Ja, ja, ja! ¿Cuánto falta para que amanezca?
—De aquà a un par de horas apuntará el sol[13] —dijo Ptitzin, después de mirar su reloj.
—¿Y qué necesidad hay de sol cuando tenemos tanta claridad que hasta podrÃamos leer aquà mismo? —comentó alguien.
—Quiero ver salir el sol. DebÃamos beber a la salud del sol, ¿no le parece, prÃncipe?
Hipólito hablaba a todos con imperiosidad y altanerÃa, pero al parecer no se daba cuenta de ello.
—Bebamos. Pero usted debÃa irse a descansar, Hipólito, ¿no es cierto?