El idiota

El idiota

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Mientras ambos hablaban aparte, Hipólito, en espera de Michkin, no había dejado de observar a éste y a Eugenio Pavlovich. Cuando ambos se acercaron a la mesa, el enfermo manifestó una nerviosidad febril. Estaba agitado, excitado, tenía la frente perlada de sudor. Sus ojos inquietos y brillantes expresaban una difusa impaciencia; su mirada vagaba de un sitio a otro sin fijarse en nada concreto. Aunque tomaba parte en la conversación general, su animación era puramente febril. No escuchaba lo que se decía, sus palabras eran incoherentes, irónicas y negligentemente paradójicas; no desarrollaba las ideas hasta el fin y a veces abandonaba de repente el tema que tratara con entusiasmo un minuto antes. Michkin supo, con sorpresa y disgusto, que le habían permitido beber dos copas grandes de champaña y que tenía ante sí una tercera copa. Pero el príncipe no se informó de ello sino mucho más tarde. En aquel momento no estaba en condiciones de reparar en nada.

—Celebro que sea hoy precisamente el día de su cumpleaños —declaró Hipólito.

—¿Por qué?




👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker