El idiota
El idiota Hasta entonces había escuchado en silencio, sin intervenir en la conversación. A menudo reía de corazón con todos los demás, notoriamente satisfecho de ver que la gente se divertía, hablaba con animación y bebía en abundancia. Acaso no hubiese dicho una palabra en toda la noche de no ocurrírsele aquella inesperada salida. Ya la sazón habló con tal seriedad que todos le miraron, curiosos.