El idiota
El idiota Sus manos temblaban de emoción mientras abrÃa el paquete, del que sacó varias hojas pequeñas de papel de cartas cubiertas de una apretada escritura. Una vez puestas ante él, comenzó a ordenarlas.
—¿Qué es eso? ¿Qué pasa? ¿Qué va a leernos? —murmuraban algunos, malhumorados.
Los demás callaban. Todos atendÃan con curiosidad. Acaso esperasen realmente algo extraordinario. Vera, inmóvil tras la silla de su padre, casi lloraba de temor. Kolia no estaba menos inquieto que la joven Lebediev, que ya se habÃa sentado, incorporóse a medias, y acercó las luces a Hipólito para que leyese mejor.
—Ahora verán lo que es esto, señores —dijo el muchacho iniciando la lectura—: «Explicación necesaria». Lema: Après moi le déluge.
—¡El diablo me lleve! —exclamó vivamente, con un movimiento tal como el que harÃa de haberse quemado—. ¿Es posible que se me haya ocurrido un lema tan tonto? Atención, señores… Les aseguro que, en resumen, puede que esto no sea sino una colección de monstruosas sandeces. Se trata sólo de ideas personales… Si creen ustedes que hay aquà algo de misterioso, de… en una, palabra, de prohibido…
—Lee sin más preámbulos —atajó Gania.
—¡Cuánta afectación! —añadió otro.
—¡Demasiadas palabras! —apoyó Rogochin, hablando por primera vez en aquella noche.