El idiota
El idiota Al fin comenzó la lectura, titubeante y poco inteligible durante los primeros cinco minutos a causa de la emoción que obstruía la garganta del lector; luego clara y distinta cuando su voz se afirmó. En ocasiones, fuertes accesos de tos le interrumpían. Estaba muy ronco cuando llegó a la mitad de su artículo. A medida que avanzaba en la lectura se animaba más y los oyentes experimentaban una impresión cada vez más penosa. El trabajo rezaba así:
«UNA EXPLICACIÓN NECESARIA
Après mois le déluge.