El idiota
El idiota Y, sin embargo, el proyecto permanecía aún en grado de tentativa. Totsky y el general habían convenido, mutua y amistosamente, que de momento no se daría paso ni habría arreglo alguno de carácter irrevocable. Los padres no habían comenzado aún a hablar abiertamente del asunto a sus hijas, ya que existían signos de discordia entre ambos. Lisaveta Prokofievna, la madre, sentíase descontenta por algún motivo —y un motivo, por cierto, muy importante—. Mediaba un serio obstáculo, un complicado y molesto factor que podía echar a perder todo el asunto.
Este complicado y molesto «factor», como el propio Totsky solía decir, había comenzado su existencia dieciocho años antes.