El idiota
El idiota Instado por Aglaya, el prÃncipe hubo de contar la historia con bastante detenimiento. La joven parecÃa tener prisa de ver terminado el relato, pero, pese a sus exhortaciones para que Michkin lo abreviase, interrumpÃale a cada momento con preguntas casi siempre fuera de lugar. Entre otras cosas, oyó con mucha curiosidad lo referente a las palabras pronunciadas por Eugenio Pavlovich y varias veces hizo preguntas acerca de ellas.
—Bien; basta. El tiempo apremia —dijo cuando Michkin hubo terminado—. Sólo podemos pasar juntos una hora, ya que a las ocho debo estar en casa para que no sepan que he venido a sentarme aquÃ. Tengo muchas cosas que contarle. Pero lo malo es que ha hecho usted perder el hilo de mis ideas. Respecto a lo de Hipólito, no me extraña nada de lo sucedido: son cosas muy propias de él. Pero ¿está usted seguro de que querÃa realmente suicidarse y que no hubo en todo ello una farsa?
—Absolutamente ninguna.
—También ello me parece verosÃmil. Dice usted que expresó por escrito su deseo de que se me diese una copia de su confesión. ¿Por qué no me la ha traÃdo?
—Porque no ha muerto. Pero puedo hablarle, para…