El idiota
El idiota —Pues yo, en su lugar, no me habrÃa dormido ahora. Si se duerme usted de ese modo en cualquier sitio, nadie podrá decir que eso es una cosa correcta.
—Es que no he cerrado los ojos en toda la noche. Después de lo que le he contado, anduve mucho y vine a donde la música…
—¿Qué música?
—A donde la música tocaba ayer. Luego seguà hasta este lugar, y mientras reflexionaba, sentado en el banco, el sueño se apoderó de mÃ.
—¿S� Entonces el caso es más perdonable… ¿Y por qué fue a donde tocaba la orquesta?
—No lo sé. Por nada…
—Bueno, bueno, luego me dirá… ¡No hace usted más que interrumpirme! ¿Qué me importa que fuese usted allà o no? ¿Con qué mujer soñaba usted?
—Con… Usted la ha visto…
—Comprendo, comprendo…, Usted la… ¿Cómo la vio en sueños? ¿Qué hacÃa? Aunque, en realidad, no quiero saber nada de eso —exclamó Aglaya de repente, con enojo—. ¡No me interrumpa!
Se detuvo por un instante, ya para tomar aliento, ya para dejar a su ira tiempo de calmarse. Luego añadió:
—Le he citado sólo para proponerle que seamos amigos. ¿Por qué me mira usted as�