El idiota
El idiota —No hay nada que no pueda usted oÃr. ¿Por qué querÃa contárselo a usted, y precisamente a usted sola? No lo sé; acaso porque, en efecto, la amo a usted mucho. Esa desgraciada tiene la convicción de que es la persona más degenerada y vil de la Tierra. No la vilipendie usted, no la escarnezca… ¡Harto torturada está por la sensación de su deshonra inmerecida! ¿Y de qué es culpable, Dios mÃo? Constantemente grita con rabia que es una vÃctima de los hombres, que no tiene ninguna falta de qué acusarse, que toda la culpa ha sido de un malvado libertino. Pero, por mucho que lo diga, tenga la certeza de que no lo cree. No: en el fondo de su alma se juzga culpable. Cuando yo trataba de disipar su error, se ponÃa en un estado tal, me ofendÃa de tal modo, que nunca se cicatrizarán las heridas que entonces recibió mi corazón. Siempre conservaré el recuerdo de esos horribles instantes. Desde entonces, tengo traspasado el corazón. ¿Y sabe usted por qué huyó de mi lado? Sólo para probarme que era una miserable. Pero lo más terrible de todo es que ella lo ignoraba y no sabÃa que su fuga tenÃa el móvil Ãntimo de cometer una acción deshonrosa para poder decirse luego: «Te has deshonrado una vez más. Eres una mujer infame». Acaso no comprenda usted esto, Aglaya. No sabe usted que en esa conciencia de su deshonra, que la atormenta sin cesar, tal vez experimente ella un placer abominable, anómalo, algo como la satisfacción de un rencor implacable. A veces he conseguido hacerle ver las cosas, por un momento, tal como son, pero inmediatamente volvÃa a exaltarse, me colmaba de amargos reproches, me decÃa que yo trataba de abrumarla bajo mi superioridad (en lo que no tenÃa la menor razón) y por fin, cuando le propuse casarnos, me repuso que no deseaba la compasión altanera de nadie ni necesitaba que ningún hombre la elevase hasta él. Usted la vio ayer. ¿Cree que es feliz y se encuentra en su elemento en medio de aquella gente? No sabe usted el desarrollo mental que tiene esa mujer y lo capaz que es de comprender las cosas. A veces incluso me ha maravillado.