El idiota
El idiota —Cierto, prÃncipe, seria. Ha encontrado usted la palabra justa para caracterizar…
—Vamos, Lukian Timofeivich déjese de eso. ¿Qué importan las palabras? Lo esencial es otra cosa. ¿Cree usted haber podido, en su embriaguez, dejar caer la cartera del bolsillo?
—SÃ. En estado de embriaguez, como usted dice francamente, es posible todo, respetado prÃncipe. Pero fÃjese en esto: de haber dejado caer la cartera, se habrÃa encontrado en el suelo. ¿Dónde está?
—¿No la habrá guardado en algún cajón?
—Todo ha sido examinado de arriba abajo; pero no guardé la cartera en ningún sitio, ni abrà cajón alguno. Lo recuerdo muy bien.
—¿Y el armario…?
—Es lo primero que miré. Y he vuelto a mirar varias veces en el dÃa. Pero ¿cómo podrÃa habérseme ocurrido guardar la cartera allÃ, apreciadÃsimo prÃncipe?
—Me inquieta el caso, Lebediev. ¿De modo que ha habido alguien que ha cogido la cartera del suelo?
—¡O de mi bolsillo! Sólo cabe una de estas dos suposiciones.
—¿Quién puede ser el culpable? Porque esa es la cuestión.