El idiota
El idiota —¡PrÃncipe, prÃncipe! Sus palabras permanecerán en mà como en un pozo. ¡Cómo en un sepulcro! —dijo Lebediev con convicción, apretando el sombrero contra su pecho.
—Entonces, ¿Ferdychenko? Quiero decir si sospecha usted de Ferdychenko.
—¿De quien otro si no? —repuso el empleado en voz baja, mirando fijamente a Michkin.
—SÃ, claro… naturalmente… Sólo queda él. Pero ¿tiene usted pruebas?
—Las tengo. Primero, su desaparición a las siete de la mañana.
—Lo sé. Kolia me ha dicho que Ferdychenko anunció su propósito de terminar la noche en casa de… Uno de sus amigos: he olvidado el nombre.
—Vilkin. ¿Asà que Kolia le ha hablado ya?
—No me ha dicho nada del robo.