El idiota
El idiota —Acaba de decÃrmelo Kolia, quien lo oyó a su padre, al que encontró en el vestÃbulo entre seis y siete, en ocasión de que el muchacho habÃa salido no sé a qué…
Y Michkin lo relató detalladamente todo.
—¡Eso es lo que se llama una pista! —exclamó Lebediev, frotándose las manos y riendo con una risita silenciosa—. ¡Lo que yo pensaba! Eso significa que el general ha interrumpido a las seis su beatÃfico sueño, expresamente para despertar a su hijo y advertirle del extraordinario peligro que representaba la compañÃa del señor Ferdychenko. ¡Claro: Su Excelencia precisa que Ferdychenko sea hombre peligroso! ¡Qué paternal solicitud la del general!
—Escuche, Lebediev —dijo Michkin, turbadÃsimo—, escuche: proceda sin escándalo. Se lo ruego, Lebediev; le conjuro a ello. De ser asÃ, le ayudaré: le doy mi palabra. Pero que nadie se entere, que nadie se entere…