El idiota
El idiota —Esté seguro de ello, bondadoso y nobilÃsimo prÃncipe —contestó Lebediev con gran exaltación—. Tenga la certeza de que todo ello quedará sepultado en mi noble corazón. Obraremos cautelosamente y juntos. Yo darÃa la última gota de mi sangre por… ExcelentÃsimo prÃncipe, mi corazón y mi alma son igualmente bajos; pero interrogue, no ya a un hombre bajo, sino a un truhán, si prefiere tratar con truhanes o con hombres de noble corazón como usted, y su elección no será dudosa: siempre preferirá al hombre de corazón noble. Eso demuestra la grandeza de la virtud… Hasta luego, apreciadÃsimo prÃncipe. Obraremos cautelosamente… cautelosamente… ¡y juntos!