El idiota
El idiota Al perder a Aglaya y verse aplastado bajo las circunstancias, se descorazonó del todo y, como sabemos, entregó a Michkin el dinero que una loca había recibido de un loco y le regalaba. Mil veces lamentó después haber reintegrado aquel dinero, aun cuando se enorgulleciera a cada instante de haber hecho «lo que no todos hubieran sido capaces de hacer». Durante los tres días que Michkin permaneció entonces en San Petersburgo, Gania desahogó su tristeza con él, aun cuando no dejara de aborrecerle viendo la compasión que el príncipe le tenía. Pero le era forzoso reconocer (y tal confesión le hería muy cruelmente) que todo su disgusto provenía de sentir lesionado sin cesar su amor propio. Sólo muy tarde se dio cuenta de que con una mujer tan inocente y original como Aglaya las relaciones que había deseado con ella hubiesen podido tomar un sesgo serio. Entonces, abrumado de recriminaciones contra sí mismo, renunció a su puesto con el general y cayó en una profunda melancolía.