El idiota
El idiota De haber obedecido Varia a su primer arranque habrÃa subido corriendo a las habitaciones de Nina Alejandrovna. Pero después de levantarse para salir se detuvo y miró fijamente a su hermano.
—¿Quién ha podido decirle tal cosa?
—Seguramente Hipólito. Supongo que apenas instalado en nuestra casa habrá encontrado un perverso placer en contarlo todo a mamá.
—Pero ¿cómo pudo saberlo, dime? El prÃncipe y Lebediev han resuelto no hablar a nadie. Ni siquiera Kolia está enterado.
—Hipólito se habrá enterado solo. No puedes imaginar lo astuto que es ese individuo, lo chismoso que se muestra y cuánto le gusta divulgar toda clase de bellaquerÃas e historias escandalosas. Puedes creerlo o no, pero yo estoy seguro de que se las ha arreglado para participar la novedad a Aglaya, y, de no haberlo hecho, no será por falta de ganas. Ya lo hará después. Rogochin está también en relaciones con él. ¿Cómo no se dará cuenta Michkin de estas cosas? Luego, ese muchachuelo se complace en sembrarme de obstáculos el camino. Hace tiempo que me he dado cuenta de que me considera como un enemigo personal. ¿Por qué se meterá en mis asuntos, ni qué pueden importarle cuando está a las puertas de la muerte? ¿Qué le va ni le viene en ellos? No lo comprendo… Pero yo le daré una lección. Ya veremos quién se lleva el gato al agua.