El idiota
El idiota —Es que no le odio; le desprecio —respondió Gania, con orgullo. Y de repente, en un súbito arrebato de furia, gritó—: ¡SÃ, sÃ! ¡Le odio! Y se lo diré en la cara, en sus últimos momentos, cuando se encuentre en su lecho de muerte… Si leyeses su confesión… ¡Dios mÃo, qué cándida impudicia! Es un teniente Pirogov. Un Nozdrev en trágico… y sobre todo es un chicuelo. ¡Con qué gusto le hubiese aplastado aquel dÃa para darle una buena sorpresa! Y como fracasó ante nosotros, quiere vengarse… Pero ¿qué es eso? ¿Más ruido aún? ¡Qué atrocidad! ¡Es insoportable! Ptitzin —dijo dirigiéndose a su cuñado, que llegaba en aquel momento—, ¿no es posible vivir en paz en esta casa? Esto es… esto es…
El estruendo se acercaba cada vez más. De pronto se abrió la puerta violentamente y Ardalion Alejandrovich, tembloroso, rojo de ira, fuera de sÃ, se abalanzó hacia Ptitzin. Le seguÃan Nina Alejandrovna, Kolia y, en último lugar, Hipólito.