El idiota
El idiota —Lo sé, prÃncipe, lo sé… Es decir, sé que no ejecutaré bien el proyecto, porque para eso hace falta un corazón como el suyo… Además, yo mismo estoy disgustado. A veces el general me abraza sollozando, luego me humilla y me colma de desprecios. Ea, voy a hacer que repare en el faldón de mi levita… ¡Ja, ja! Hasta luego, prÃncipe. Le molesto, le distraigo de sentimientos muy interesantes, si vale la expresión.
—Pero, por amor de Dios, ni una palabra sobre lo pasado…
—Seré silencioso…, silencioso…
Aun cuando el asunto hubiese concluido, Michkin quedó más preocupado que antes. Y esperó con impaciencia la entrevista que debÃa tener al dÃa siguiente con el general.