El idiota
El idiota —Abandono esta casa, querido príncipe, porque he reñido con Lebediev. He roto anoche, lamentando no haberlo hecho antes. Soy muy considerado en todo, príncipe, y deseo que las personas a quienes, en cierto modo entrego mi corazón me paguen en la misma moneda. He sabido dar mi corazón a menudo y casi siempre he sido defraudado. Ese hombre es indigno de mí…
—Es algo extravagante —observó discretamente Michkin—: tiene ciertas facetas… Pero, a pesar de todo, se advierte en él corazón, un espíritu ingenioso y un carácter divertido…
El príncipe medía sus expresiones y hablaba con acento respetuoso, lo cual halagaba al general, quien, sin embargo, no dejaba de mirar a veces a su interlocutor con desconfianza. Pero el tono de Michkin era tan natural y sincero que no autorizaba sospecha alguna.