El idiota
El idiota —Curioso, si usted quiere, pero tosco y, sin duda, absurdo. Tal vez no sea más que una trama de embustes —dijo el general con seguridad, engolando mucho la voz.
—Me parece un relato muy cándido. Las impresiones de un soldado veterano testigo ocular de la estancia de los franceses en Moscú… Algunos detalles resultan encantadores. Esas memorias de testigos presenciales son siempre de interés, sea quien sea el narrador. ¿No es verdad?
—En el puesto del director, yo no habrÃa publicado eso. El público, cuando se trata de descripciones de testigos oculares, suele creer mejor en las mentiras desvergonzadas de un embustero que en los relatos verÃdicos de un hombre que ha merecido bien de su paÃs. Conozco ciertas memorias sobre el año 1812 que… He tomado una resolución, prÃncipe: dejar esta casa, la casa del señor Lebediev —dijo de repente el general, mirando significativamente a Michkin.
—Tiene usted habitación en Pavlovsk en… en casa de su hija —comentó el prÃncipe, no sabiendo qué decirle y recordando que el general se proponÃa hablarle de un importante asunto del que dependÃa su suerte.
—Perdón: en la de mi mujer. En otras palabras, en mi casa, que es también la de mi hija.
—Excúseme… Yo…