El idiota
El idiota —Según dicen, con una pierna artificial de las inventadas por Chernozvitov se puede hasta bailar.
—Lo sé muy bien. Cuando Chernozvitov la inventó se apresuró a venir a enseñármela. Pero no la inventó hasta mucho después de 1812. Para colmo, Lebediev asegura que su difunta esposa ignoró durante todo su matrimonio que él tenÃa una pierna artificial. «Si tú eras en 1812 paje de Napoleón —me dijo cuando le hice observar los absurdos de su relato—, no te asiste el derecho de extrañarte de que yo tenga una pierna enterrada en el cementerio Vangankovsky».
—¿Pero usted…? —comenzó el prÃncipe, muy turbado.
Ivolguin pareció algo confuso también. Mas se repuso en seguida y miró a Michkin con aire irónico.
—Acabe, prÃncipe, acabe —dijo con excepcional dulzura—. Yo soy indulgente: dÃgalo todo. Le asombra que un hombre a quien ve en tal estado de degradación… e inutilidad, haya podido ser testigo de vista de… de grandes acontecimientos. ¿No es asÃ? ¿No le ha venido ese hombre con habladurÃas?
—Lebediev, si se refiere a él, no me ha dicho nada.