El idiota
El idiota —Ya… Yo creÃa lo contrario… Ayer, estando juntos, hablamos de ese folletón absurdo que acabo de devolver a usted. Yo indiqué sus inexactitudes, y como he sido testigo personal… ¿SonrÃe usted, prÃncipe? Porque noto que me mira a la cara.
—No: yo…
—Parezco bastante joven —prosiguió el general con naturalidad—, pero soy algo más viejo de lo que parezco. En 1812 yo contaba diez o doce años. Nadie sabe mi edad a punto fijo, ni yo mismo. En mi hoja de servicios no está indicada tampoco. Siempre he tenido la debilidad de hacerme pasar por más joven.
—No me extraña, general que estuviese en 1812 en Moscú. Y sin duda puede narrar sus recuerdos como todos los que estuvieron entonces allÃ. Uno de esos autobiógrafos moscovitas ha contado que él, en 1812, era niño de pecho y los soldados franceses le hicieron comer un trozo de pan.