El idiota

El idiota

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No. Constant no estaba entonces en Moscú. Había marchado con una carta para… la emperatriz Josefina. Pero había en su lugar dos ordenanzas y algunos lanceros polacos, que completaban el séquito, aparte, naturalmente, los generales y mariscales, quienes acompañaban a Napoleón para explorar los contornos y tratar de la disposición de las tropas. Casi siempre iba con él Davout. Aún me parece verle: era un hombre recio, flemático, con gafas, de extraños ojos… El emperador le consultaba con mucho interés y se dejaba llevar mucho por sus opiniones. Recuerdo que celebraron consejo durante varios días. Davout acudía mañana y noche, y a menudo discutía con Napoleón. Este, al fin pareció aceptar la opinión de su consejero. Yo estaba en el aposento donde se celebraba la entrevista, pero nadie hacía caso de mi presencia. De pronto la mirada de Napoleón se fijó en mí. Y me dijo repentinamente: «Niño, ¿qué te parece? Si me convierto a la religión rusa y liberto los siervos, ¿se aliarán los rusos a mí?». «¡Nunca!», exclamé indignado. La palabra impresionó a Napoleón. «La llama patriótica que acaba de encenderse en los ojos de este niño —exclamó— me revela el pensamiento de todo el pueblo ruso. ¡Basta, Davout! Todo eso son fantasías. Explíqueme su otro plan».

—El proyecto no estaba mal imaginado —dijo Michkin, que escuchaba al general con gran interés al parecer—. ¿Atribuye usted la idea a Davout?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker