El idiota
El idiota —Lleva esto al prÃncipe de parte mÃa, y dile que se lo regalo como prueba de mi profundo aprecio.
Kolia, muy contento, prometió desempeñar tal comisión, pero añadió:
—¿Qué significa un regalo semejante? Porque regalar un erizo…
Aglaya contestó que eso no le interesaba a él. Kolia insistió:
—Estoy seguro de que este obsequio quiere decir algo.
A esto la joven replicó, enfadada, que Kolia era un «chicuelo». El muchacho reaccionó con prontitud.
—Si no me contuviese mi respeto a las mujeres y mis principios, yo le probarÃa ahora mismo que sé contestar a tal insulto.
De todos modos, Kolia se fue con el erizo, sintiéndose muy satisfecho de su encargo, y Kostia le siguió. La ira de Aglaya se disipó muy pronto. Viendo que Kolia agitaba demasiado violentamente la cesta que contenÃa el animal, dijo, con tanta naturalidad como si no acabasen de tener una discusión un tanto violenta:
—Ten cuidado de no dejarlo caer, querido Kolia.
Kolia, a su vez, no pareció conservar resentimiento alguno, ya que dijo, deteniéndose:
—No tema, Aglaya Ivanovna: no lo dejaré caer.