El idiota
El idiota —No permito esto, no puedo permitirlo… —protestó, airada, Lisaveta Prokofievna, precipitándose en pos de Aglaya.
Sus hijas mayores la siguieron. Michkin y el general quedaron solos.
—¿PodÃas… podÃas imaginarte cosa semejante, León Nicolaievich? —dijo Ivan Fedorovich casi sin darse cuenta de lo que preguntaba—. ¿Es posible, posible que… en serio?
—Veo que su hija se ha burlado de mà —repuso Michkin con tristeza.
—Espera un poco, amigo mÃo, espera un poco… Tengo prisa, pero tú… Te ruego, León Nicolaievich, que me digas cómo se ha producido todo esto y qué significa en conjunto, si vale la palabra… Soy padre, amigo mÃo, pero, por padre que sea, no comprendo una sola palabra. ExplÃcame, pues…
—Yo amo a Aglaya Ivanovna y ella lo sabe… y creo que hace tiempo.
El general se encogió de hombros.
—¡Muy raro, muy raro! ¿La quieres mucho?
—Mucho.