El idiota
El idiota —Ya le he dicho —repuso Michkin— que carezco de instrucción.
—Y entonces, ¿de qué no carece? Siendo asÃ, ¿cómo puedo estimarle? Continúe… Aunque no; es inútil. Deje de leer.
La tarde de aquel mismo dÃa se produjo un incidente que pareció notable a las Epanchinas. El prÃncipe Ch. volvió de San Petersburgo y Aglaya, muy amablemente, preguntó por Eugenio Pavlovich. Michkin no habÃa llegado aún. Entonces el prÃncipe Ch. insinuó algo respecto a un «próximo nuevo acontecimiento en la familia», aludiendo a una frase que la generala pronunciara por inadvertencia, diciendo que convendrÃa aplazar el casamiento de Adelaida para celebrar «las dos bodas juntas». Aglaya no pudo contenerse al oÃr aquellas «absurdas suposiciones» y, en su ira, dijo, entre otras cosas, que no tenÃa intención, por el momento, de «substituir a la amante de nadie».
Aquello anonadó a todos, y en especial a sus padres. Lisaveta Prokofievna mantuvo una conversación a solas con su marido y le instó a que exigiese de Michkin una explicación categórica acerca de su situación con Nastasia Filipovna.