El idiota
El idiota —No digo eso —repuso el prÃncipe, confuso—: sólo quiero decir que usted… no que usted no pudiera parecerse a Gliebov…, sino que usted serÃa, más bien…
—¿Un Osterman y no un Gliebov?
—¿Osterman? —extrañóse Michkin.
—El diplomático Osterman, contemporáneo del zar Pedro —repuso Hipólito, algo desconcertado.
Siguió una pausa. Ambos se sentÃan un tanto molestos.
—No querÃa decir eso tampoco —repuso Michkin, con suavidad—. No creo que fuese usted un Osterman.
Hipólito frunció el entrecejo. Michkin se apresuró a excusarse.
—También en eso voy demasiado lejos. Pero quiero decir (y le juro que es cosa que siempre me ha impresionado) que los hombres de entonces no se parecÃan en nada a los de ahora. No, no eran de la misma raza. Nuestra naturaleza es muy distinta. Entonces la gente sólo tenÃa una sola idea. Hoy somos más nerviosos, más evolucionados, más sensitivos, tenemos dos o tres ideas a la vez… El hombre moderno es más amplio y, se lo aseguro, ello le impide ser de una sola pieza, como eran sus antepasados. A eso únicamente tendÃa mi observación y no…