El Jugador
El Jugador La abuela era de recia complexión, aun viéndola sentada se adivinaba que era de elevada estatura. Se mantenÃa derecha como una tabla en su asiento, sin apoyarse en el respaldo, y llevaba erguida su cabeza gris; los rasgos de su rostro eran muy pronunciados. TenÃa un aire de arrogancia y de desafÃo, si bien su mirada y sus gestos eran completamente naturales.
No obstante sus setenta y cinco años tenÃa la cara fresca y los dientes bastante bien conservados.
Llevaba un vestido de seda negra y una cofia blanca.
—¡Qué anciana más interesante! —murmuró Mr. Astley, que me acompañaba.
“Se halla al corriente del asunto de los telegramas —pensaba yo—; conoce también a Des Grieux, pero no a la señorita Blanche. “ Inmediatamente revelé este pensamiento a Mr. Astley.
¡Debilidades del corazón humano! Tan pronto me repuse de mi sorpresa, me hallé encantado del golpe que en aquel momento Ãbamos a dar al general. Me sentÃa agresivo y marchaba a la cabeza de la comitiva con alegrÃa.
Nuestras gentes se alojaban en el segundo piso. Sin prevenir, ni siquiera llamar, abrà las puertas de par en par y la abuela hizo una entrada triunfal.