El Jugador
El Jugador Al ver a la abuela el general, de pronto, se quedó estupefacto, abrió la boca y no llegó a pronunciar una frase. La contemplaba con las pupilas dilatadas… como fascinado por la mirada de un basilisco. La abuela le examinaba también, inmóvil, con aire de triunfo, provocativo y burlón. Se observaron asà durante unos diez segundos, en medio de un profundo silencio. Des Grieux se sintió primeramente aniquilado, pero pronto su rostro reflejó una inquietud extrema. La señorita Blanche, con las cejas levantadas, la boca abierta, miraba estúpidamente a la abuela. La mirada de Paulina expresaba asombro y duda extraordinarios; de pronto se puso pálida como la cera y al cabo de un instante la sangre afluyó a su rostro coloreándole las mejillas. ¡SÃ, aquélla era verdaderamente una catástrofe para todo el mundo!
Paseé mi mirada por todos los presentes.
Mr. Astley se mantenÃa apartado, tranquilo y digno, como de costumbre.
—¡Bueno, ya estoy aquÃ, en vez de un telegrama! —exclamó, finalmente, la abuela, rompiendo el silencio—. ¿No me esperabais?
—Antonina Vassilievna… querida tÃa… ¡qué sorpresa! ¿Cómo has venido?… —murmuró el infortunado general.
Si la abuela hubiese tardado en hablar unos cuantos segundos más, el general hubiese sufrido un ataque.