El Jugador
El Jugador —¡Cuéntaselo a otro! —interrumpió la abuela.
—Pero, ¿cómo? —contestó inmediatamente el general, alzando la voz y haciéndose el desentendido—. ¿Cómo se ha podido decidir a hacer semejante viaje? A su edad… con su mal estado de salud… Todo esto es tan imprevisto que nuestra sorpresa es comprensible. Pero estoy tan contento… y procuraremos todos —aquà una encantadora sonrisa—, por todos los medios, hacer su estancia aquà lo más agradable posible. Ya lo verá usted.
—Basta de cumplidos. Charlas, según tu costumbre. Ya sabré vivir a mi manera. De todos modos, no te guardo rencor, he olvidado las ofensas. ¿Cómo he podido decidirme a venir?, me preguntas. ¿Qué hay en ello de sorprendente? Es la cosa más sencilla. ¿Y por qué se extrañan todos… ? Buenos dÃas, Praskovia. ¿Qué haces aquÃ?
—Buenos dÃas, abuela —dijo Paulina, acercándose—. ¿Fue muy largo el viaje?