El Jugador
El Jugador —La cima, el lugar más elevado de la montaña. Se disfruta desde allà de una vista incomparable.
—¿HabrÃa que transportar el sillón a la montaña? ¿Es posible?
—Se pueden encontrar braceros —dije.
En aquel momento, Feodosia, la niñera, vino a saludar a la abuela, trayendo consigo a los niños del general.
—¡Nada de besuqueo! No me gustan las babas de los niños. ¿Cómo estás, Feodosia?
—Muy bien, muy bien, mi buena Antonina Vassilievna —contestó Feodosia—. ¿Y usted, cómo lo pasa? Hemos estado inquietos por su salud.
—Ya lo sé, tienes un buen corazón tú. ¿Quiénes son esas gentes, invitados? —preguntó, dirigiéndose de nuevo a Paulina—. ¿Quién es ese tipo con gafas?.
—El prÃncipe Nilski, abuela —murmuró Paulina.
—¡Ah! ¿Un ruso? ¡Y yo que creÃa que no me entendÃa! Quizá no me ha oÃdo… Ya he visto a Mr. Astley.
Pero hele aquà de nuevo. ¡Buenos dÃas! —exclamó, encarándose, de pronto a él.
Mr. Astley la saludó en silencio.
—Vamos a ver, ¿qué me cuenta usted de bueno? ¡DÃgame algo! Tradúcelo esto, Paulina.