El Jugador
El Jugador Paulina hizo de intérprete.
—La contemplo con verdadero placer, y estoy muy satisfecho de que goce usted de buena salud —contestó Mr. Astley, en un tono muy serio, pero extremadamente apresurado.
Esta frase, traducida a la abuela, pareció gustarle. Estaba predispuesta hacia el inglés.
—¡Qué bien contestan siempre los ingleses! —observó—. Siempre he sentido simpatía hacia ellos, muy al contrario de los “franchutes”. Venga a verme —dijo a Mr. Astley—. Procuraré no aburrirle demasiado. Tradúcele esto y añádele que me alojo aquí abajo… aquí abajo… ¿entiende usted? —repitió a Mr. Astley, bajando el dedo.
Mr. Astley pareció encantado de la invitación.
Con una mirada satisfecha, la abuela examinó a Paulina de la cabeza a los pies.
—Te quiero mucho, Praskovia —dijo de pronto—. Eres una buena muchacha. Vales mucho más que todos juntos, pero tienes mal carácter… Bueno, también yo lo tengo… Vuélvete; ¿son cabellos postizos esos que llevas aquí?
—No, abuela, son míos.