El Jugador
El Jugador SentÃ, con horror, lo que significaba para mà perder en aquel momento.
—“¡ Rouge!†—cantó el croupier.
Recobré el aliento. SentÃa hormigueos por todo el cuerpo. Me pagaron en billetes. En total cuatro mil florines y ochenta federicos. ¡Mi vida entera estaba en el juego!
Luego, recuerdo que coloqué dos mil florines en la columna del centro y perdÃ. Jugué todo mi oro y ochenta federicos y perdà de nuevo. El furor se apoderó de mÃ. Tomé los dos mil florines que me quedaban y los lancé sobre los doce primeros números; al azar, sin calcular. Hubo entonces un momento de espera… una emoción análoga a la que debió experimentar madame Blanchard cuando, después de haber volado sobre ParÃs, se sintió precipitada con su globo contra el suelo.
—“¡ Quatre!†—anunció el croupier.
Al contar la postura, mi capital ascendÃa de nuevo a seis mil florines. TenÃa el aire triunfante, ya no temÃa a nada. Puse cuatro mil florines en el noir. Unas diez personas jugaron, siguiéndome, a ese color. Los croupiers cambiaron una mirada, murmurando entre ellos.
Salió noir.
A partir de aquel momento ya no puedo recordar la cuantÃa de mis posturas ni la serie de mis ganancias.